Este viernes tuvimos ocasión de escuchar de nuevo en nuestra capital, como parte de la Segunda Temporada Sinfónica y de Cámara de Lienzo Norte, a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, agrupación que cumplió recientemente veinticinco años al servicio de la promoción cultural del más alto nivel en la comunidad. Mucho ha cambiado el panorama musical de la región, y del país, desde que allá por 1991 esta orquesta, reconocida hoy entre las mejores sinfónicas del panorama nacional, diese sus primeros conciertos. El impulso a la divulgación musical en la comunidad que supuso su creación, la construcción de destacados contenedores culturales –como el propio Lienzo Norte abulense o el Auditorio Miguel Delibes de la capital vallisoletana– y de modernos edificios destinados a albergar la enseñanza musical profesional que se imparte en nuestros conservatorios han sido determinantes en estos 25 años para la consolidación de una actividad artística regular y de la más alta calidad en este campo, reconocida dentro y fuera de nuestras fronteras. La renovación de los equipos y planes docentes en los centros oficiales de formación musical de la comunidad, reflejo sin duda de la formación que muchos hemos tenido ocasión de recibir dentro y fuera de España, ha contribuido también sustancialmente a este proceso. La Sinfónica de Castilla y León es un buen ejemplo de cómo un proyecto coherente, en manos profesionales y dotado de una inversión suficiente y mantenida en el tiempo ofrece siempre sus frutos. Y a juzgar por el refinado Gombau, el brillante Brahms y el poderoso Dvorak que tuvimos ocasión de escuchar el viernes, son éstos maduros y jugosos.

Entre líneas, la generosa visita a domicilio de la OSCYL, posible solo gracias a la colaboración entre administraciones, está llamada también a recordar nuestra pertenencia a una comunidad a la que volver la vista regularmente. Los postreros empeños por derribar las barreras orográficas y viarias que nos separan de la capital del reino nos hacen a veces obviar los vínculo afectivos con nuestra propia identidad castellano y leonesa. Y aunque es mucho lo que nuestra proximidad geográfica a Madrid puede aportar a esta tierra, tan sedienta de proyectos de envergadura que fijen su población y generen riqueza neta que la sustente, la reivindicación de un autonomismo responsable se hace igualmente necesaria, o más si cabe. La igualdad en el acceso a las oportunidades en todo el territorio, que propicie una cohesión real en una región tan extensa y de población tan dispersa como la nuestra, es a todas luces imprescindible. La creciente respuesta del público abulense a las visitas periódicas de la Sinfónica de Castilla y León dan fe de nuestra profunda receptividad en el campo cultural. La misma que históricamente siempre hemos mostrado, y que mantendremos responsablemente sin duda, hacia tantos proyectos de calado económico, social y empresarial de los que seguimos sintiéndonos acreedores.

 

[Publicado en el Diario de Ávila el 11 de Marzo de 2018]

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