El tamaño de la lupa

Esta semana el Secretario General de Podemos en Castilla y León colocaba en el disparadero al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Ávila con su particular salva de buenos deseos navideños. El Procurador del Común, el Consejo de Cuentas y la Fiscalía Anticorrupción eran los Reyes Magos a los que la formación morada comprometía los regalos con los que agasajar la, a su juicio, irregular gestión del Partido Popular en la adjudicación de contratos. “Mala praxis”, “anomalía democrática” y actuación “vergonzosa, lamentable e indecorosa” eran los dones ofrendados por la formación morada en su ráfaga dialéctica. Si a cualquiera de nosotros nos soltaran semejante andanada sobre nuestro trabajo saldríamos corriendo. Tal es quizás la intención de las gruesas e intimidatorias palabras de una formación que, como ya rebatió el equipo de gobierno, no está representada en el consistorio de la capital, y cuya franquicia local suele ausentarse, física y políticamente, más de lo deseable de las reuniones de los órganos de gobierno a los que, ellos sí, pertenecen.

Desde la barrera no estaría de más rogar algo más de prudencia a estos “francotiradores de la política”. El enfrentamiento y la diatriba solo tienen sentido en este noble ejercicio si persiguen el progreso, la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y el crecimiento económico, máxime en una ciudad tan acogotada en su desarrollo como la nuestra. No nos sobran iniciativas industriales, no hay cola de empresas que vengan a instalarse en en el rocoso páramo Amblés, y solo el flujo económico es inferior al de agua en estos tiempos de pertinaz sequía. Como para tener permanentemente amenazados a los responsables de que tales flujos se amplíen. Los políticos, con sus defectos y miserias –que no son diferentes de las de usted o las mías– son personas, y como tales pueden verse afectados en su desempeño si éste se realiza bajo la amenaza permanente. Una cosa es el necesario y responsable escrutinio de la oposición, y otra bien distinta una intimidación continua que solo conduce al miedo, la parálisis y la alarma social. Conviene ser cuidadoso con el tamaño de una lupa que sirve además para todos.

Por ello sugeriría a estos “nuevos” partidos que reconsideraran su forma de hacer política. Por una parte tomando decisiones desde los cargos que ostentan, fruto de la confianza legítima que sus votantes les otorgaron, y no delegando en procedimientos asamblearios el arrojo que exigen a los demás –equivóquense, señores–. Y por otra respetando los tiempos y formas necesarios, ahora quizá más que nunca, en política. ¿Acaso alguien cree que “intervenir el área de intervención” mejoraría la complicada situación de la ciudad? Confianza: es este el aval necesario para sacar adelante los proyectos. No hace falta ser inversor o economista para constatarlo: ahí tenemos el ejemplo del éxodo empresarial catalán. Ya tendrán luego las urnas tiempo de hablar. El control al gobierno es no solo deseable, sino imprescindible, en el ejercicio de la política. Pero poner la venda antes de la herida, acusar preventivamente, y proclamar la presunción de culpabilidad le hacen un flaco favor.

 

[Publicado en el Diario de Ávila el 3 de Diciembre de 2017]

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