Hüzün

La tarde del pasado martes conversaban en un programa de radio acerca de la sensación de tristeza y frustración que a casi todos nos ha producido la sucesión de acontecimientos acaecidos durante las últimas semanas en Cataluña. Utilizaban para ello como leitmotiv el término turco de origen árabe hüzün, denominación del sentimiento de amargura por la pérdida de la identidad de un pueblo. Como la saudade portuguesa, pero desde una percepción colectiva que añora recuperar algo perdido, quizás para siempre. Me sorprendió entonces comprender que era precisamente ese sentimiento el que me invadía también a mí, al tiempo que me preguntaba cómo era posible que algo tan aparentemente impersonal y ajeno a interioridades como la política podía afectar a nuestro estado de ánimo. Quizás este autodestructivo procés haya tenido efectivamente como única virtud la de mostrarnos hasta qué punto la política puede tener un impacto directo, real y cuantificable en nuestras vidas. El preocupante desinterés por la política que nos ha llevado hasta aquí –y que no es otra cosa que dejadez acomodaticia, que exprime egoístamente los frutos del esfuerzo de otros– debe hoy hacernos reflexionar acerca de la importancia que, en la práctica, tiene el papel de nuestros representantes.

La acción política es ejercida tanto por el votante, llamado a decidir a quien presta su voz en un contexto social cambiante, como por los partidos políticos, que tienen la obligación de desempeñar lealmente su cometido de aglutinar sensibilidades. Lo que algunos insisten en llamar “nueva” política no ha hecho sin embargo otra cosa que hacernos añorar la “vieja”. Hemos presenciado atónitos las nocivas consecuencias que conlleva la aplicación de políticas basadas en el resentimiento y el victimismo. Integrismos y populismos que apelan al instinto de supervivencia –supremacía incluso en el peor de los casos– deben combatirse con una integridad responsable que asfixie, también desde dentro de los partidos políticos, los insaciables egos de aquellos de sus líderes que pierden el norte en su palabrería vacía.

Esta lectura puede tener también, en mi opinión, su aplicación en un ámbito más doméstico. Los que creemos en la trascendencia efectiva también de la acción política más cercana seguimos pensando que el diálogo, la generosidad y el trabajo en equipo son las claves para el desarrollo de los grandes proyectos. Los comportamientos populistas –que no son exclusivos muy a nuestro pesar, dicho sea de paso, de los nuevos partidos – y la pérdida del foco de servicio al interés colectivo al que se deben nuestros representantes pueden hacer estragos también en nuestro entorno. De nuevo el papel que juegan los partidos políticos es crucial en este imprescindible proceso de saneamiento. Las legítimas aspiraciones de sus integrantes son necesarias para poder aplicar sus postulados en un ámbito que garantice su efectividad. Pero el cultivo desmedido de los personalismos frente a las ideas corre el riesgo de conducir a la frustración, contribuyendo a una suerte de hüzün de funestas consecuencias en el ya de por sí proclive al pesimismo estado de ánimo abulense.

 

[Publicado en el Diario de Ávila el 5 de Noviembre de 2017]

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