Gracias, maestro

Amigo, maestro, hermano, en Antonio Bernaldo de Quirós somos muchos los que hemos encontrado una referencia. Generaciones de músicos nos hemos adentrado en los misterios de la armonía, del solfeo, de la música, del arte en definitiva, de su mano. Su personalidad, tan exigente como generosa, su discreción, su agudo ingenio, eran sus rasgos. El trabajo, el respeto y la amplitud de miras sus enseñas. De su empeño, junto al de otros buenos amantes de la música, nació el Conservatorio de Ávila, en el que hoy estudian casi cuatrocientos muchachos, herederos del magisterio de una persona de un talento tan solo comparable a su profunda humanidad.

Hace ahora precisamente un año nuestro Centro le rendía un justo homenaje poniendo su nombre al aula de coro del Conservatorio. Más cercano en el tiempo queda el concierto que la Orquesta Sinfónica de Ávila le dedicó, de la mano de buena parte de los alumnos que el formó y de su adorado Coro Gregoriano de La Santa. Su magisterio iba mucho más allá de las aulas y los escenarios. Montones de aficionados recibieron su consejo. Docenas de cantantes, instrumentistas y aficionados acudieron a él, en una suerte de peregrinación para recibir sus enseñanzas. Como auténtico maestro pasó su vida regalando a todos los que nos acercábamos a él todo su saber, sin guardar nada para sí. Transmisor de conocimiento, trabajador incansable, arreglista, investigador, son muchos los proyectos que él pergeñó o en los que colaboró, como el Centro de Estudios Tomás Luis de Victoria o el Festival Internacional de Música Abvlensis. Incansablemente se dirigía a quien fuese menester para hacer que la música ocupara en nuestro entorno social el lugar que merece. Antonio creía profundamente en lo que hacía, lo amaba, y esa es la mejor enseñanza que recibimos todos los que hemos tenido la fortuna de conocerle y recibir sus enseñanzas.

Descansa ahora en paz. Sin duda hoy los ángeles son mejores cantores.

[Publicado en el Diario de Ávila el 30 de Noviembre de 2015.]

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