Lunes, 14 de Julio de 2014. 20:30 horas. Auditorio Municipal de San Francisco. Ciclo Noches y Almenas. Ran Matsumoto, violín – Aki Kondo, piano. Obras de M. Miyagi, F. Tárrega, K. Yamada, E. Granados, A. Piazzola, P. Sarasate y F. Kreisler.

 

El concierto que, dentro del programa Noches y Almenas, tuvo lugar en el Auditorio Municipal de San Francisco el pasado lunes, y que contó con la violinista Ran Matsumoto y la pianista Aki Kondo como protagonistas, podría ser ya noticia por conseguir colgar el cartel de aforo completo. No es habitual en nuestra ciudad que un concierto de estas características congregue a tanto público, más aún sin conocer con antelación el atractivo repertorio que el dúo presentaba. Quizás el hecho exótico de tratarse de un recital enmarcado dentro del año dual España-Japón, que conmemora los 400 años de las relaciones diplomáticas entre ambos países, o la gratuidad de la convocatoria, tuvieran algo que ver. Sea como fuere, el éxito de asistencia fue por suerte o por desgracia, más allá de la propia interpretación, lo más destacado del evento.

El repertorio elegido por las artistas proponía, en sus propias palabras, un intercambio entre la cultura popular española y la japonesa. De ahí la importante presencia de música basada en la raigambre tradicional de ambos países. Es bien conocida la pasión que lo español desata en el país asiático y que dice mucho del valor intrínseco de lo que algunos llaman la marca España, pero que sin embargo se admira y cultiva fuera de nuestra fronteras desde mucho antes de la invención del marketing.

Todo el concierto fue un recital, en el más amplio sentido del término, del cuidado que los japoneses ponen en todo lo que hacen. A la minuciosa puesta en escena, incluyendo un cambio de vestuario del tradicional japonés a otro más mediterráneo para la segunda parte del concierto, se unió el propio diseño del programa, conformado por obras todas ellas sin grandes pretensiones pero de gran virtuosismo y evidente efecto emotivo para el público. Las evocadoras piezas japonesas, compuestas fundamentalmente sobre la escala pentatónica – de cinco sonidos- propia de la tradición musical oriental, se fueron alternando con música de Francisco Tárrega – sus célebres Recuerdos de la Alhambra, transcritos de la guitarra -, Enrique Granados – tres de sus Danzas Españolas para piano solo- , o Pablo Sarasate. Este último, alabado particularmente por Matsumoto en la presentación que hizo de las piezas, fue uno de los protagonistas del concierto, y vino a demostrarnos de nuevo que, afortunadamente, no solo de sanfermines vive la capital Navarra.

Hubo también incursiones en la tradición musical de otros países más o menos afines, como el Libertangodel argentino Astor Piazolla o La gitana – un tanto vienesa ella, eso sí- del afamado violinista austríaco Fritz Kreisler. Y aunque algunos anhelábamos en ese punto escuchar algunos de los paradigmas de la música zíngara del género, tales como el Tzigane de Maurice Ravel o las Danzas Húngaras de Johannes Brahms, el concierto se cerró brillantemente con la interpretación de los Aires Bohemios – mucho más cosmopolita el título de Sarasate, y no Andaluces, como decía el programa – y de varios bises, entre ellos, las celebérrimas Czardas de Vittorio Monti. Un concierto, en suma, tan amable como sus intérpretes, que recibieron la merecida ovación del respetable, y que a algunos nos hizo soñar con auditorios rebosantes de público en las cálidas noches de verano. Tiempo al tiempo.

[Publicado en el Diario de Ávila el 16 de Julio de 2014.]

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