Sólo hace falta pasarse una tarde por alguna de las numerosas salas de la ciudad para comprobar que el publico, especialmente el joven, no suele prodigarse por los conciertos de lo que comúnmente denominamos música clásica. Para los que nos dedicamos a la formación musical profesional esto es preocupante, y nos obliga a repensar una y otra vez cuales son los errores, propios y ajenos, cometidos.

Hemos asistido en los últimos años a un importante incremento de la cantidad y calidad de contenedores culturales en la ciudad. Contamos hoy con una gran sala sinfónica – o Sala Tomás Luis de Victoria, hablando con propiedad – en Lienzo Norte, con otras magníficas salas de cámara en el mismo complejo y en el nuevo Conservatorio Profesional de Música, además del espléndido auditorio municipal de San Francisco u otros espacios escénicos significativos. Sin embargo, tal crecimiento en la oferta no ha venido acompañado de la consecuente inversión económica para programar en ellos. Disponemos de la mejor de las cocinas para preparar y servir en vajilla de plata exquisitos manjares, pero parece que nadie pensó en que habría que adquirir las viandas.

Cabría además recordar que el público, que tiene en definitiva la última palabra y pone siempre las cosas en su lugar, castiga a menudo con su desafección – más allá de los compromisos familiares o vinculaciones personales – lo programado con poco acierto. Comprenderemos así la ardua tarea de los programadores de los grandes complejos culturales del país, en el punto de mira de la crítica y del público, que les exigen rentabillizar importantes inversiones, públicas y privadas, con la respuesta del respetable como principal – que no único – indicador. La calidad de lo que se pone en escena es por ello fundamental, y la gratuidad generalizada poco recomendable. Si bien es lícito fomentar la participación de los aficionados al arte – y fundamental para crear un auténtico aprecio por él – en la vida cultural de una ciudad, construir sin embargo la programación musical casi exclusivamente con estos medios priva al público de su capacidad para discernir entre lo bueno y lo mejor. Del mismo modo que no es lo mismo un partido de primera división que uno de tercera, y nadie cuestiona ni el valor de ambos ni la diferencia en el precio de sus respectivas entradas, así es imperativo diferenciar un concierto a cargo de un grupo aficionado de otro a cargo de músicos profesionales, que han dedicado su vida a este arte para que les dé de comer. Recientemente un compañero profesor, ante la invitación a colaborar gratuitamente en un evento musical, me comentaba que él llevaba tiempo buscando un fontanero que colaborara gratuitamente con él en las labores de reparación de su instalación, sin éxito.

La cantidad no es sinónimo de calidad. Y la calidad, no nos engañemos, vale dinero. Sin embargo, si añadimos a la ecuación los factores tiempo y rigor, obtendremos resultados exponenciales que harán cuadrar las cuentas. Solo la selección de lo que se ofrece, cómo se ofrece, a quién se ofrece y cuándo se ofrece, junto al necesario impulso económico y el análisis posterior de los resultados que justifiquen la inversión, podrá despertar el interés continuado del público, y fomentar en él un creciente espíritu crítico que demande una programación musical atractiva y de calidad.

[Publicado en el Diario de Ávila el 27 de Abril de 2014.]

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2 Comments

  1. Oscar says:

    03/05/16 @ 11:45 

    (Comentario de Rolando Vega)

    Maestro Arroyo: Me dispongo a comentar su artículo, porque me doy cuenta que al igual que en mi pais (Guatemala),que mantiene un desarrollo cultural y artístico,el más denso en Centro América pero quiero referirme particularmente a La Antigua Guatemala, ciudad colonial y patrimonio cultural de la humanidad otorgada por UNESCO, con una extensión y demografia muy similar a Avila,ciudad muy turística y apreciada por propios y extraños. ocurre un fenómeno muy parecido al que Ud. describe en su entrega.Algo que se hace y creo que ayuda a difundir información es el envío de correos electrónicos con las actividades a desarrollar por mes y por semana a una lista de personas potenciales asistentes e interesados en dichas actividades. Por aparte le estoy reenviando a su correo un par de estos envíos que yo recibo. también le sugiero la elaboracion de volantes colocados en colegios ,escuelas, bibliotecas etc. Espero´poder enterarme más sobre estas actividades puesto que no veo mucha información al respecto y me gustaria asistir. Le Saludo Atentamente. Rolando Vega.

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    • Oscar says:

      03/05/16 @ 11:45 

      Muchas gracias por su aportación. Quizás efectivamente la circulación de la información sea una de las claves, aunque a veces esta información puede ser tan dispersa e incluso masiva que puede desconcertar. Pero es cierto que la información clara, dirigida y precisa es una herramienta capital.

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