Crítica publicada en prensa a un concierto del joven pianista Antonio Bernaldo de Quirós Yazama

 

Me pide el presidente de Juventudes Musicales de Ávila que escriba la crítica del concierto que ofreció el pasado domingo el joven pianista abulense Antonio Bernaldo de Quirós Yazama en el auditorio de la Fundación Caja de Ávila. Ello me supone un compromiso, ya que tengo el placer de tener a Antonio como alumno en el Conservatorio, pero también satisfacción por contar en nuestro centro, y por extensión en la ciudad, con una artista con la proyección que este joven pianista – subrayo el término, en su más rotundo significado – posee. Espero pues sepa el amable lector discernir cuales de mis palabras tienen que ver con el placer de escuchar a Antonio como público y cuales con el conocimiento directo de su buen hacer al piano.

El repertorio elegido para la ocasión comenzaba con las Microprimaveras del compositor español Antón García Abril. Una música amable, sin grandes pretensiones, pero ciertamente compleja en su resolución que sirvió al pianista para tomar contacto con el instrumento -el magnífico Steinway que conserva afortunadamente aún los mejores aromas de tantas veladas inolvidables -. El público que abarrotaba el auditorio pudo disfrutar así plenamente de la amplia paleta de colores que Bernaldo de Quirós supo extraer con magnífico oído y encomiable rigor.

El Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante del gran compositor polaco Frederick Chopin, que lo siguieron, confirmaron esta flexibilidad. Antonio supo ofrecerse evocador y cantabile en las líneas melódicas, sutil en los delicados giros que las adornan, enérgico en los momentos en los que la polonesa lo demandaba pero, y esto es quizás lo más llamativo, reposado y noble en el discurso, algo ciertamente sorprendente y poco común en un pianista de su edad.

En la segunda parte, que se construía a partir del pavoroso Gaspard de la Nuit del compositor francés Maurice Ravel, Bernaldo de Quirós supo desenvolverse con soltura ante la intrincada escritura pianística del autor: notas repetidas -que de nuevo el instrumento le devolvió con solvencia -, cruces vertiginosos de manos e infinidad de texturas que el joven artista resolvió más que sobradamente. Quizá los oyentes demandamos algo más de timbre en las líneas melódicas, pero es innegable que la imaginación de Antonio supo acercar con gran acierto esta compleja página musical al público congregado en la sala.

El concierto se cerró con dos piezas “de salón” del compositor y gran pianista ruso Sergei Rachmaninoff, adaptaciones de sendos temas del violinista Fritz Kreisler. Tal vez fue esta la mejor parte del concierto: sólo el dominio que del instrumento demostró Bernaldo de Quirós en esta música permite al oyente disfrutarla plenamente, cuando el virtuosismo pasa a un segundo plano para dibujarle una placentera sonrisa. Equilibrado sonido, un rubato – flexibilidad controlada del tiempo – en su punto, y de nuevo ese aplomo del que Antonio hace gala en sus actuaciones en público fueron de nuevo la marca de la casa.

Sin duda el horizonte de este joven pianista es amplio. Lo es por su incuestionable talento, pero sobre todo por su capacidad -y ahora hablo como profesor – para seguir mejorando infatigablemente en el piano día a día. Y lo es gracias también, justo es reconocerlo, al abnegado esfuerzo de sus padres. Un talento y una capacidad de trabajo modélica que a buen seguro llevarán a este artista, ojalá más pronto que tarde, a subirse a los mejores escenarios.

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