Hoy ha sido mi bautizo atlético. Y es que, por primera vez, he competido con otra gente en un acontecimiento deportivo. El hecho de que en la carrera fuéramos 3500 personas hace que, por mucho que lo intentes, no seas el primero ni el último. Y en ese inmenso margen, el entusiasmo que provoca esforzarse, adelantar a unos y otros, encontrarte cómodo, el aliento del público… La verdad es que la experiencia ha sido fantástica.
La emoción previa a la carrera me ha hecho visitar el baño varias veces (!!). Pues sí: la gente con la que corría me ha permitido disfrutar de todo el entorno de la carrera en todos los sentidos, y a la hora de la salida ya necesitaba correr, tal era la expectación que yo mismo me había creado. El desarrollo de la carrera ha sido apasionante: te vas midiendo con unos que ves bien, dejas atrás a otros, fijas la vista en el fondo para calibrar cuanta gente te rodea. En fin: una situación muy diferente a cuando salgo a entrenar yo solo. Y difícilmente reproducible, lo cual hace que te “enganches” a este tipo de carreras populares de forma irremediable.
A partir del kilómetro tres, cuando comienzan las cuestas, la carrera cambia. Desde ese momento quedamos los corredores, cada uno a su ritmo, pero todos tomando contacto con nosotros mismos. Y es ahí cuando mejor me he sentido: he realizado todas las subidas con comodidad, con energía de reserva, y disfrutando del público que anima desde las aceras y de la situación de mi propia respiración y de mi corazón, sensaciones estas nuevas para mí a mis 33 años.
Después, ya muy cerca de la llegada, una breve momento de debilidad que hace que mi compañero me saque unos metros. Yo, afortunadamente y gracias a mis entrenamientos previos, consigo recuperar en apenas un minuto esta situación, pero sin conseguir darle ya alcance: me han faltado otros pocos metros de carrera.
La llegada es espectacular: el público te empuja a darlo todo. Estoy, por primera vez, al otro lado de las vallas. Y después, la alfombra roja de llegada. La meta. Emocionante: ahora entiendo qué es lo que mueve a los deportistas a hacer deporte. En serio. Es algo único.
Después algo de fruta, agua, regalos, una camiseta, una llavero, una taza… Y un ambiente indescriptible, un “subidón” colectivo de todos los que hemos cumplido con satisfacción nuestro objetivo. En unos días volveré a competir, seguro. Pero esta primera vez ha sido toda una experiencia que recomiendo a todos.

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