Desgraciadamente solemos tener más ocasiones para criticar lo que se hace que para alabar una buena gestión. Y no sólo porque resulta más fácil lo primero, sino también porque motivos nos sobran con demasiada frecuencia para lamentar que un determinado evento quede en agua de borrajas y que lo que pretende ser un acontecimiento quede reducido a un vulgar acto sin trascendencia ninguna. Digo esto porque el pasado día 19 de Mayo tuve la ocasión de actuar como integrante del Dúo Matisse en el Auditorio “Ciudad de León” y quedar gratamente impresionado por la buena gestión y el estupendo trato recibidos tanto de los responsables de la Delegación de Cultura de la Junta de Castilla y León en esa ciudad como del personal que atiende las necesidades del Auditorio.

Somos muchos los que hemos peregrinado durante años por salas de mayor o menor importancia y hemos padecido la escasa atención que suele ser habitual por parte de los organizadores de este tipo de actos hacia los intérpretes que los hacen posibles. Es sencillo: llegas, haces lo que todos esperan que hagas ante el público que allí se congrega y te vas. Todo queda entre el público y el músico. Tanto más cuanto menos son las preocupaciones que el intérprete tenga en la cabeza en los instantes previos a subirse al escenario. Por eso no quiero dejar de reseñar aquí mi gratitud, como músico y como profesor, hacia las personas que hacen posible que la música y los músicos aún podamos ser respetados en nuestra labor. Con el debido respeto, sería deseable que muchas instituciones y entidades tomaran nota y dignificaran los conciertos públicos haciendo del escenario algo acogedor, alentando en nuestro jóvenes intérpretes el entusiasmo por compartir con los demás lo que mejor saben hacer pero obrando, cada uno en la medida de sus responsabilidades, siempre, con el debido respeto.

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