Programadores

En contra de lo que algunos parecen postular, la cultura no es esa especie de cajón de sastre en la que todo tiene cabida. Aunque es cierto que nuestra sed de conocimiento no debería tener límites, una adecuada planificación de los objetivos, procedimientos y resultados de cualquier programación cultural es fundamental para que ésta cumpla el importantísimo cometido social al que está llamada. La oferta cultural, como la educativa, debe ser fiel por ello a unos principios de objetividad, rigor y continuidad en el tiempo que permitan consolidar, en el largo proceso de formación de públicos –especialmente del más joven–, unos estándares definidos y reconocibles. De otro modo los mecenas, públicos pero también privados, se cuestionarán su cada día más necesaria aportación a este ámbito, y el respetable se verá abocado con toda probabilidad al desconcierto.

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